Miércoles, 7:25am.
Me faltan unos 100 metros para llegar a la estación del Metro, un muchacho alto me adelanta y pasa veloz a mi lado, no sin antes despellejarme levemente el tobillo derecho con sus coloridos y estrambóticos zapatos deportivos “Made in China”. Voltea y me mira con cara de pocos amigos, gesto que casi me hace pedirle disculpas, por haberme atravesado en su camino.
Eso me pasa por usar sandalias, ojala no vaya a llover.
Delante de mí, camina un hombre maduro, vestido con blue jeans y franela, parece feliz.
Se está terminando de tomar un cafecito con leche, mientras balancea su delgado cuerpo con ínfulas de macho refinado.
La parsimonia riñe con el descaro y observo el instinto desbocado que provoca su estado de inconciencia y un “No me importa” se le enciende en la cara como un aviso luminoso.
Su mano se relaja y lo suelta sin más preámbulos, los dedos que antes lo aprisionaban, lo liberan y entonces es cuando el vaso resbala en caída libre y precipitada, descenso que sólo es alterado ligeramente por la brisa mañanera.
El vaso va al encuentro del concreto, rueda y se detiene, uniéndose a la fiesta de desechos que adornan la desafortunada acera. Danza con un vaivén de derecha a izquierda como un “Porfíao”. Un rayo de sol indiferente juguetea en lo alto, bosquejando sombras debajo de el.
El vaso está vacío, tanto como la conciencia de quien lo abandonó allí.
Estoy a pocos pasos detrás del hombre vestido con franela y blue jeans.
Me encuentro de nuevo en la misma situación de siempre e intento llamarle la atención por su vil acción, pero la vorágine de la multitud de infalibles usuarios de la “Gran Solución para Caracas con sus Motores a Máxima Revolución”, arrastran su figura culpable, cual cómplices inocentes de uno de los más abominables crímenes que se le pueden hacer a una ciudad.
Ya dentro de la estación y en lo alto de la escalera mecánica atestada de gente, lo diviso a lo lejos, pasando como un rayo por uno de los torniquetes, rumbo a su destino, donde seguro encontrará otros lugares, para oscurecerlos con su sombra de mal ciudadano.
El que ensució ya se fue y quien limpia…no ha llegado.
1 comentario:
Cuantas veces al día no nos topamos con esta escena, y lo peor es que lamentablemente y convenientemente somos cómplices de ello. Ayer cuando íba a La Vega (Vega arriba) a visitar a mi suegro, vi como una chica al bajarse del autobús, después de disfrutar un rico refresco, que seguramente venía saboreando mientras hacía el recorrido obligatorio, lo arrojó sin más ni más, sobre la montaña de basura y escombros al lado de los contenedores de basura, cuando digo sin más ni más, me refiero a que ni siquiera se tomó la molestia de ver si había un contenedor vacío, o si de alguna manera lo podia colocar en un lugar más propício para ser desechado, simplemente sorteó los escombros y basuras por los que le tocó caminar y lanzó el vaso, me gusta pensar que su razonamiento fue "El aseo lo recogerá" ¡¡¡PERO SI SE NOTA QUE EL ASEO NO PASA HACE UNA SEMANA POR LO MENOS!!! que tristeza!!!
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