Es la época más organizada del año, ya que todos nos ponemos de acuerdo para pintar las casas, comprar muebles nuevos, salir a comprar como locos la misma ropa (porque está de moda, aunque está más cara) e inundar todos los centros comerciales y calles, especialmente los días 24 y 31 a punta de 3 de la tarde.
¡Es una época para estar en el hogar y la familia!
Muchos nos vamos de viaje, dejamos nuestras casas solas e invadimos otros hogares donde supuestamente vamos a compartir con gente que queremos mucho y tenemos añales que no vemos, nos comemos sus hallacas, nos tomamos su caña y ocupamos sus espacios favoritos. Al regresar estamos llorando porque nos quedamos limpios y no cesamos de quejarnos por todas las incomodidades que tuvimos que pasar allá por esos montes (Caracas es Caracas), además conseguimos que al regresar a nuestro “hogar, dulce hogar” le faltan varias cosas (electrodomésticos y demás cosas de valor). Allí es donde, abatidos por tan desagradable sorpresa acusamos a San Nicolás, a Saint Claus o al Niño Jesús por todas nuestras desventuras
Todos nos deshacemos en afirmaciones vía mensajes de texto como: TE QUIERO MUCHO, TE EXTRAÑO, PRONTO TE VISITARÉ…y en promesas como: ESTE AÑO SÍ COMIENZO A HACER DIETA, DEJO DE FUMAR, ME SEPARO DE PEDRO o MARÍA, TERMINO LA TESIS, ETC.
Al llegar el nuevo año se nos olvida todo, dejamos de decir te quiero a quienes ladillamos tanto durante diciembre, seguimos más gordos, seguimos fumando, viviendo con Pedro o María y calándonos sus cachos y la tesis sigue fría.
Perdonamos y abrazamos a todos, eso sí, con la premisa de que al terminar el síndrome navideño, tendremos una recaída que nos durará hasta la próxima Navidad, misma patología mental y emocional contraria a “Amaos los unos a los otros”
Gordos, enratonados y pelando bolas, nos preparamos con emoción para Carnavales, Semana Santa y las próximas Navidades…
Que vivan todas la festividades del año!!!
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