Gloria es bella y está bien buena. Así lo afirman suspirando todos los chamos cada vez que la ven pasar con su jeans a las caderas bien ajustados, debajo de un vientre canela y plano. Dicen que se hizo los pechos, pero Arnaldo no lo cree, pues recuerda claramente cuando siendo uno de sus primeros novios, tuvo la fortuna de explorar con sus nerviosas e inexpertas manos, aquel par que prometían mucho futuro en un mundo donde dos poderosas razones, son la máxima gloria de una mujer.
Gloria se salió del liceo en el tercer año, pero esto no le preocupa. Para atender el puesto de teléfonos en la esquina, sólo necesita sumar y restar, además su celular, aparte de una cámara, radio, mp3 y una buena memoria externa, tiene calculadora. Ella tiene dos hermanos pequeños y acaba de cumplir 16. Su mamá es una “Mujer echada pa´lante” y trabaja en una fábrica de costurera. Su papá se fue hace años y lo poco que recuerda de él, tres padrastros se lo hicieron olvidar. Ricardo, quien vive ahora con su mamá, no le pega ni le reclama y sólo la bucea de vez en cuando.
Allá en el puesto están Efraín (el dueño del puesto), su hermano César y su pana Luís. Luís es el mayor jíbaro del barrio, ahora tiene dos ayudantes, quienes se encargan de cubrir todas las demandas en una zona donde la adicción crece con una velocidad que sorprende al mercado.
César, consumidor y ladrón de oficio “Es un carajo tranquilo y no se mete con nadie”. Gloria está empatada con Efraín desde hace tres meses y aunque se gana menos del mínimo atendiendo el negocio de los teléfonos, no se queja, porque Efraín le cubre el resto de sus necesidades, incluyendo las carnales. “Efraín es buena gente, se viste pavo y no consume drogas”.
Gloria tiene grandes aspiraciones para su futuro: conocer a un tipo que tenga bastante plata y la saque del barrio, por eso se cuida desde los catorce años para no salir preñada. “A esos tipos no le gustan las mujeres con carajitos, la agarran a una de puro vacilón y si te duermes te montan otro y después de dejan el pelero”.
Gloria no se da mala vida, lleva a sus dos hermanos para el colegio en la mañana y después se va para el puesto. Busca a sus hermanos al mediodía, los lleva para la casa, les calienta el almuerzo (que le hizo su mamá en la noche), come con ellos sentada en el mueble de la salita, mientras se vacila medio culebrón y después… se va para el puesto.
Son las 7 de la noche y Gloria está recogiendo el puesto. César la ayuda porque Efraín se quedó arreglando la moto. César está cerrando la sombrilla de rayas verdes. Hay mucha gente en la calle llegando de sus trabajos. Varios chamos juegan básquetbol a unos treinta metros y cerca de ellos, cuatro tipos los animan, mientras se toman las cervecitas y esperan que empiece el béisbol.
Al puesto de teléfonos llegan dos chamos en una moto, el pasajero se baja y sin saludarlos, le mete dos balazos a César en la cabeza. El doble bang bang deja a Gloria bastante alterada, mientras siente que algo tibio y pegajoso la salpica. César deja caer la sombrilla y ésta se esparrama en la acera. César tiene los ojos en blanco y su pierna derecha tiembla como si tuviera un ataque de epilepsia.
El matón se sube en la moto y se va, dejando una estela de humo y muerte. César rueda por la pared y se muere sentado, mirando a todos pero sin ver. Gloria está temblando, llorando y no sabe qué hacer. La gente rodea al muerto y la Guardia llega quince mirones después, donde todavía huele a pólvora y nadie sabe nada. Alguien le avisa a la mamá del muerto y ésta llega unos minutos más tarde, llorando, pero con cara de agradecida.
Mas tarde, Gloria se baña y no quiere hablar ni comer, está enrollada en el mueble. Su mama la consuela y su padrastro también. Al día siguiente Gloria no quiere volver al puesto y tampoco sale de su casa.
Los días pasan, marcados por el miedo y la incertidumbre, pero en el barrio, la mayoría tiene mala memoria. Un mes después Gloria regresa al liceo y de repente tiene muchas ganas de aprender. Ya no quiere subirse en la moto de Efraín y ya no se cubren mutuamente sus carestías. Otra muchacha atiende el puesto. Efraín se quiere vengar y su familia le dice que se quede quieto.
Los chamos siguen pensando que Gloria está bien buena, Efraín también y una vez más, Arnaldo les aclara impaciente, que no se hizo lo pechos.
La gloría no está sólo en ser alguien popular y con plata, sino en saber el momento exacto en que los problemas de otros, comienzan a salpicarte…
1 comentario:
"bien por quienes hacen la hermosa tarea de escribir y a través de ella ilustrarnos la realidad"
José luís S
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